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Desde muy antiguo los hombres han pisado nuestra
tierra como lo demuestran las hachas pulimentadas encontradas que datan de
la Edad del Bronce (hace 2.500 / 3.000 años).
Algo menos antiguos (de hace unos 2.000 años) son los restos romanos
aparecidos en El Llano,
Soreta y
Solano, en este último, un ara
dedicada a Júpiter y una figurita de bronce, lo que indica que se seguía
habitando la zona, aunque no la localidad.
A mediados del siglo IX debía de ser una de las plazas importantes del
reino pamplonés. Muhammad ibn Lup, uno de los grandes caudillos de la
familia Banu Qasi, se alzó contra sus familiares y extendió sus dominios
ocupándoles Zaragoza, Valtierra, Tudela y San Esteban de Deio. Penetró en
el reino y se enfrentó al rey García Iñiguez, muerto en la batalla; poco
después arrasaba el castillo de Aibar: En el año 882 “fractus est castro
de Aybaria a Mohamed ben Lup”. El
castillo de Aibar, del que tan solo queda su topónimo (el cerco), desde su
estratégico emplazamiento, vigiló las incursiones agarenas del valle del
Ebro por el curso del Aragón.
Deberemos esperar al S. XI para que la villa y su señorío adquieran
protagonismo. Es a raíz del hijo que el rey Sancho el Mayor tuvo con la
dama aibaresa doña Sancha. Este hijo no es otro que Ramiro (futuro Ramiro
I rey de Aragón) que recibe en herencia, además de las tierras aragonesas,
la villa de Aibar y su señorío (año 1035). Esta extraña situación cambia
ya el año 1062 en el que Aibar vuelve a manos navarras.
Nuevamente los aragoneses toman la villa el año 1.200 (S.XIII) en su lucha
contra Navarra y su rey Sancho VII el Fuerte. En esta ocasión Aragón forma
alianza con Castilla que le arrebata Álava y Guipúzcoa. Por fortuna el
propio rey recupera la villa para Navarra y ya será siempre parte del
reino navarro.
Como villa de realengo, siguió abonando pecha a la corona, hasta que en
1368 fueron recucidas por Carlos III en dos sueldos anuales por cada casa.
El 27 de Marzo de 1397 y en atención a “la gran lealtat, penas e trabajos
que los francos de nuestra villa han mostrado e pasado en tiempos de
guerra y adversidades les hizo" hijosdalgo a todos y extiende esta gracia
a cualquiera otras personas , hombres e mujeres e crianzones que allá
fuesen a vivir tanto por casamiento como por cualquier otro motivo” y la
posibilitan para “comprar sacar e llevar el vino de su cosecha hasta las
partidas de Aragón, Castilla y otros reinos y señoríos".
Nuevamente la villa de Aibar se cita en una carta que Doña Blanca de
Navarra envía a su esposo Don Juan el 17 de Septiembre de 1425 y en la que
se ensalza la valentía de los aibareses.
Años después (1451–1452) Juan II y el Príncipe de Viana luchan en Aibar.
Derrotado el príncipe es hecho prisionero por su padre. Es una triste
época de guerra civil. Navarra se divide entre padre e hijo quedando Aibar
fiel a Don Carlos el Príncipe de Viana a quien reconoce como heredero
legítimo.
Es el propio Príncipe Carlos quien en 1459 “la instituyó e hizo noble y
buena villa en el reyno” y le dio el título de "muy leal y fidelísima".
Fue buena villa con asientos en cortes. Durante el siglo XVI vivió tiempos
de prosperidad, reflejada en la ampliación del templo parroquial de San
Pedro, en el que fue sustituida la cabecera románica triabsidal por la
actual con el crucero y la portada plateresca de acceso. De esta época son
también un crucero con el escudo de armas de la villa en el fuste, y una
custodia de plata.
Existían en Aibar dos palacios, el deyuso, “que le dicen del río” cuyo
escudo era de cinco fajas de azur en campo de oro y el de suso o casa del
barrio de arriba que traía por armas seis paveses de oro en campo de gules.
Contaba Aibar además de con las dos iglesias románicas de San Pedro y
Santa María que se conservan en la actualidad, con las ermitas de San
Julián, San Felices, San Jaime, San Juan Bautista, San Lorenzo, San
Miguel, San Millán, San Roque, Santa Cecilia, Santa Lucía y Santa Romana,
todas ellas desaparecidas, de algunas de las cuales se conserva su
recuerdo en los nombres de término. Se conserva en cambio la ermita de San
Joaquín.
Durante la Guerra de la Independencia los franceses fusilaron al alcalde,
al vicario y a cinco vecinos. A otros los deportaron a Francia o los
encarcelaron o les expoliaron sumas apreciables de dinero.
Durante los tiempos modernos, formaban el valle al que Aibar da nombre, y
del que es cabeza, La Valdaibar: Abaiz, Arteta, Ayesa, Eslava, Ezprogui,
Gallipienzo, Gardaláin, Guetádar, Julio, Leache, Lerga, Loya, Lumbier,
Moriones, Peña, Rocaforte, Sabaiza, Sada, Usumbelz, Izco y Javier. En 1844
Aibar obtuvo de la Diputación su separación del valle, a pesar de la
oposición de los restantes integrantes de la comunidad; pero fue en 1846
cuando se hizo efectiva la medida, a la vez que se deshacía todo el valle
en varios ayuntamientos.
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