USO DEL UNIFORME EN LOS COLEGIOS

Diario de Navarra. Domingo, 23 de septiembre de 2007

Para eliminar barreras.

Por un lado, el colegio es una comunidad educativa que comparte medios materiales, pero especialmente comparte el sentimiento de formar parte de un colectivo, un proyecto educativo común aglutinado en torno a un ideario. Tal y como ocurre en otros ámbitos de nuestra sociedad, ese sentimiento de pertenencia a un colectivo se ve reforzado también en el aspecto externo, por la señas de identidad representadas en el uniforme. Además, este uniforme favorece una cierta cohesión social, eliminando barreras de diferenciación cualitativa. Favorece igualmente una imagen más armónica en lo externo, punto de partida muchas veces para crear esa misma armonía en el funcionamiento, orden y resultados finales.


Por otro lado, representa una ayuda a las familias por la comodidad que representa en el momento de elegir la ropa de cada día. Es opinión común entre las familias, que la inversión inicial que se hace en un uniforme, por otra parte nada sofisticado, representa a medio plazo un ahorro porque el grado de aprovechamiento es mayor que el que supondría la utilización de una vestimenta mucho más variada.


JOSÉ MIGUEL RUIZ SAN MARTÍN subdirector de SAN CERNIN.

 

 

Comodidad o diversidad.

 

Hora del recreo. Luis Amigó. La cafetería del colegio reúne a una decena de profesores de distintos niveles. Conversan sobre el uniforme. A través de la ventana llega el bullicio de los escolares. Ainhoa Garrido Bustos es profesora de 2º de Educación Infantil y está encantada de que sus alumnos lleven uniforme. «Hay que evitar las diferencias entre los niños. Parece mentira pero a estas edades ya hablamos de pre-adolescencia. Con apenas 5 años, los pequeños son muy exigentes y tienen mucha tontería, más aún si los padres les permiten decidir en asuntos como qué ropa comprarse. Ahora con el uniforme todos son iguales y punto». Desde la mesa de al lado, José Luis Lizarraga Erviti, profesor de 6º de Primaria discrepa. «En mi clase, nadie lleva uniforme. La escuela tiene que ser como la vida, diversa. Hay que aprender a vivir con lo que es diferente. Es más difícil ponerles ropa cada día, pero es más educativo. Si el niño no quiere una prenda, hay que dialogar con ellos. No se soluciona con el uniforme».


El punto de vista de los padres difiere del de los alumnos. En la mayor parte de los casos, de ellos ha surgido la iniciativa de implantar el uniforme en los centros, algo que los más mayores aceptan a regañadientes. «Reconozco que cuando yo era alumna lo odiaba, pero como madre es lo más cómodo del mundo. Es muy práctico y rentable», se justifica una madre a la salida de Carmelitas. Mila Martínez Cadreita lleva a su hijo a Maristas y asegura que no lo vería como una imposición. «A veces pienso que es positivo. Es más sencillo y fácil, aunque también implica cierta clasificación de los niños». A la salida de Ursulinas, los alumnos reflexionan sobre su relación particular con el uniforme. Icíar Azanza Neri, pamplonesa a punto de cumplir 17 años, estudia 2º de Bachillerato en este centro y llevó uniforme hasta los 12. «Según para qué edades, facilitas a las madres. No tengo mal recuerdo de las prendas, aunque la tela picaba». Su amiga Carla Zaratiegui lo tiene claro: «El uniforme es feo y te aburre». Iosu Ibáñez Ardanaz, de 16 años, estudia en Salesianos y se reconoce «totalmente contrario» a la medida. «Nunca he llevado uniforme y me sentaría muy mal que, de repente ahora, me obligaran. Además, tampoco me gustaría verlo en mis hijos».

 

B. ARMENDÁRIZ/C. REMÍREZ. PAMPLONA.

 

 

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