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Los Amigonianos
El 12 de abril de 1889 Luis Amigó fundó oficialmente, en Masamagrell
(España), la Congregación de los Religiosos Terciarios Capuchinos de
Nuestra Señora de los Dolores, también llamados Amigonianos.
Los Amigonianos se sienten llamados a ser testigos del Amor de Cristo
entre todos los jóvenes que tienen carencias afectivas, familiares,
sociales, y con alteraciones de conducta y perturbaciones de
personalidad. Atienden a aquellos niños y jóvenes que por mil razones
han tropezado en la vida o no han encontrado su camino.
"Vosotros, zagales del Buen Pastor, sois los que debéis ir en pos de la
oveja descarriada hasta devolverla al aprisco. Y no temáis perecer en
los despeñaderos y precipicios en que muchas veces os habréis de poner
para salvar a la oveja perdida" (Luis Amigó. OC, 1831)
Tras las huellas del Buen Pastor, el Amigoniano se siente llamado a
creer en el amor, desarrollando particularmente las actitudes de
sencillez y humildad, de compasión y misericordia, de alegría y
esperanza, de entrega y generosidad, que distinguen la vida de quien
conoce a las ovejas, camina delante de ellas, busca a las que se
pierden, comparte sus alegrías y penas y está dispuesto a dar la vida
por todas. Y son precisamente estas actitudes, que marcan el crecimiento
humano-espiritual del amigoniano, las que identifican también su vida de
familia y su actuación apostólica entre los jóvenes inadaptados,
haciendo de la pedagogía amigoniana, una pedagogía: familiar,
entretejida de cercanía, comprensión, afabilidad, confianza y
convivencia.
La Familia Amigoniana la constituyen, además de las religiosas y
religiosos Terciarios Capuchinos, todos aquellos seglares que, de alguna
manera, participan y se sienten identificados con la obra del
Padre Luis Amigó a favor de los
jóvenes con problemas de conducta.
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