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Especial Padre LUIS AMIGÓ
Para comprender y vivir el Año Jubilar Amigoniano.
El
21 de Junio de 2008 se recibía una circular de los
Superiores Generales desde Roma que se nos invitaba a
celebrar el 75 Aniversario del Padre Luis Amigó mediante un
año Jubilar.
Queridos
hermanos/as: Paz y Bien.
Nos disponemos a celebrar, Dios mediante, hermanos y
hermanas, Laicos, Familia Amigoniana, el LXXV Aniversario de
la Muerte de Nuestro Padre Fundador. Con tal motivo la
familia amigoniana, las dos congregaciones religiosas
fundadas por el Venerable Padre Luis Amigó, queremos
celebrar este acontecimiento de forma especial convocando un
año Jubilar.
¿Qué significa
celebrar un año jubilar?
Un año jubilar es un tiempo privilegiado de gracia y de
salvación que se nos ofrece para una renovación de nuestra
vocación cristiana. Un año jubilar es la concesión del
perdón y la misericordia de Dios, por el valor infinito del
sacrificio Redentor de Cristo, por la oración y méritos de
la Virgen María y de todos los santos.
Un año jubilar es un año de reconciliación entre
enemistados, de conversión y, en consecuencia, de
solidaridad, de esperanza, de justicia, del empeño por
servir a Dios en el gozo y la paz con los hermanos.
Invitamos a toda la Familia Amigoniana: hermanas, hermanos,
laicos, cooperadores, jóvenes, zagales..., a que cada uno
viva este año como la gran oportunidad que se nos brinda
para retomar nuestra existencia y nuestro compromiso
bautismal, volviendo al Dios de la vida con un corazón
renovado. Que con la fuerza de su Espíritu cambiemos nuestra
conducta, reavivemos nuestra consagración y seamos en
nuestro mundo testigos de su amor.
Desde una mirada histórica.
Muchos y variados
son los motivos que tenemos para dar gracias al Señor:
· Gratitud por habernos concedido la amable figura
del Venerable Padre Fundador como ejemplar y modelo de
identificación. Su vida, sus escritos y su espiritualidad
son estrella y guía en el caminar de la Familia Amigoniana.
· Gratitud por la presencia evangelizadora de las dos
congregaciones religiosas, extendidas en cuatro continentes
y en 33 naciones.
· Gratitud por los copiosos frutos de redención
cosechados en los campos de la educación y protección, de
los niños/as, de la atención a los enfermos y ancianos, en
la acción pastoral de la Iglesia y, de un modo especial, de
los jóvenes desviados del camino de la
verdad y del bien.
· Gratitud por los frutos de santidad producidos en
la figura de nuestros mártires y de otros miembros de las
dos congregaciones, cuyas causas de canonización han sido ya
introducidas.
· Gratitud, también, porque el espíritu del Padre
Fundador va cuajando en el mundo entero en una amplia
Familia Amigoniana de laicos comprometidos, seguidores de su
espíritu y de su obra religiosa y social.
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